Instrucciones para anudar una pulga

“En Colombia es muy intensa la vida. Los huecos en la calle, la inseguridad, la burocracia, la corrupción, las múltiples guerras, no, no, no… necesito paz. Yo salí de Colombia en parte por eso”.
Foto: Ross Harley

Por Simón Posada

LA BOGOTANA MARÍA FERNANDA CARDOSO, EGRESADA DE LA FACULTAD DE ARTES DE LA UNIVERSIDAD DE LOS ANDES Y CON UN MÁSTER EN ESCULTURA DE LA UNIVERSIDAD DE YALE, LOGRÓ AMAESTRAR PULGAS Y CON ELLAS CREÓ UN PARTICULAR ESPECTÁCULO QUE PRESENTÓ EN LA TATE MODERN GALLERY DE LONDRES, EL CENTRO GEORGE POMPIDOU Y LA ÓPERA DE SIDNEY. TAMBIÉN HA TRABAJADO CON PIRAÑAS, SAPOS Y LAGARTIJAS; HA INSTALADO JARDINES VERTICALES DE FLORES PLÁSTICAS; HA TALLADO ROCAS EN FORMA DE ESPIRAL; HA HECHO TAPICES CON PLUMAS DE EMÚES Y HA FOTOGRAFIADO ARAÑAS QUE BAILAN DE UNA MANERA EXTRAORDINARIA. ES, SIN DUDA, UNA DE LAS MÁS GRANDES Y PROLÍFICAS ARTISTAS COLOMBIANAS DEL SIGLO XXI.

Al llegar del colegio, María Fernanda Cardoso vio a su gato, Chiquitín, muerto, acostado en el jardín de su casa rodeado de flores que su mamá había dispuesto para despedirlo. María Fernanda lo miró de cerca, tanto que pudo ver cómo las pulgas, al sentir el frío de la muerte, saltaban del animal, como si el Titanic se estuviera hundiendo.

Años más tarde –¿quién sabe qué podría decir un psicoanalista al respecto?–, María Fernanda estuvo cerca de ocho años investigando todo lo posible sobre esos bichos para poder crear su Circo de las Pulgas, sin duda su obra de arte más famosa, como si quisiera –diría el psicoanalista– controlar las pulgas para evitar que huyeran de su gato muerto.

Los circos de pulgas son un arte perdido, del que existe muy poca documentación y antecedentes históricos –el más famoso, sin duda, fue el del empresario italiano Louis Bertolotto, alrededor de 1830–. Sin embargo, María Fernanda logró tal maestría que aprendió a atarlas y a controlarlas, y creó un espectáculo que presentó en el Tate Modern Gallery, de Londres; el Centro George Pompidou, en París, y llenó treinta veces la ópera de Sidney con un show con cámaras con lentes poderosísimas que hacían posible ver los saltos y las acrobacias de las pulgas.

Egresada de la facultad de Artes de la Universidad de los Andes, con un máster en Escultura en la Universidad de Yale y un PhD del Sydney College for the Arts, María Fernanda pasó su niñez en el barrio El Batán, en Bogotá, y ha vivido en Los Ángeles, Canadá, San Francisco y Sidney, donde reside en la actualidad con su esposo y dos hijos.

Se trata de una artista tan prolífica que no podría encasillarse solo como domadora de pulgas: ha trabajado con animales disecados –pirañas, sapos, lagartijas–, ha instalado jardines verticales de flores plásticas –que expuso en el MoMa, en Nueva York, entre 1999 y 2000–, ha tallado rocas en forma de espiral, ha hecho tapices con plumas de emúes, hizo su PhD para poder investigar las formas de los penes de diversos animales y ha estado fotografiando arañas que bailan de una manera extraordinaria –arañas australianas, de decenas de colores, conocidas como “peacock spider”–, de 5 milímetros de altura con cámaras y sistemas de audio ultrasofisticados para captar sus bailes de apareamiento como nunca nadie antes lo había hecho.

Es, en definitiva, una artista que ha caminado
–como las pulgas de su circo– en una cuerda floja que divide dos mundos que para muchos parecen lejanos, pero que para ella son indivisibles: el arte y la ciencia. Es por eso que no duda en decir que se siente mucho más cómoda en un foro de científicos que en una feria de arte: “Las ferias de arte son lugares muy rarificados. No es el mejor lugar donde mirar arte porque está todo muy fuera de contexto, es un popurrí de todo”.

” LAS FERIAS DE ARTE SON LUGARES MUY RARIFICADOS. NO ES EL MEJOR LUGAR DONDE MIRAR ARTE PORQUE ESTÁ TODO MUY FUERA DE CONTEXTO, ES UN POPURRÍ DE TODO “

¿Cómo es la vida de una artista que tiene tanta obra y tan grande? ¿Dónde guarda todos los archivos de sus investigaciones, todos los prototipos, todas las carpas de todos los circos de pulgas, todas las lagartijas y pirañas disecadas?
Tengo depósitos en tres países del mundo. Tengo dos depósitos en Bogotá, en San Francisco, en Sidney y también en mi casa; en donde pueda hay obra. En mi taller hay un cuartito que uso como depósito, lo que se supone que es la alacena es depósito, todos los gabinetes de la cocina arriba son un depósito, lo que era un garaje es un depósito. Mis hijos están acostumbrados a encontrarse cosas raras en la nevera.

¿Qué es lo más raro que han encontrado?
Un murciélago que me encontré. Estuvo en la nevera un tiempo, después le pregunté a Google cómo hacer la curtiembre sin químicos tóxicos, y ya me habían enseñado algo de taxidermia, entonces le quité la piel y le hice la curtiembre y ya quedó momificado, está en mi taller por ahí colgando. Es que aquí, en Sidney, hay unos murciélagos grandototes, y son peludos, se llaman flying foxes. Son espectaculares. Se había electrocutado y estaba en el piso. Entonces lo puse en una bolsa y al congelador.

¿Todas las estrellas de mar y las pirañas fueron compradas de manera legal?
Sí, eso lo compré antes de llegar a Australia; las estrellas las compré cuando vivía en California. En esa época todavía no existía el internet, pero eran como los souvenires de la playa. En esa época me interesó mucho cómo era la representación de un lugar a través de los animales objeto, que se convertían en souvenires, los caracoles, las estrellas, las pirañas, inclusive en la serie de las mariposas me inspiré en los souvenires que vendían en Manaos, como bandejas hechas con decoraciones de alitas de mariposa, todo eso estaba inspirado en eso. Cuando uno se mete a ese mundo descubre que existen criaderos de mariposas y las venden, porque no es negocio uno perseguir las mariposas, porque además las maltratarías cuando las coges, entonces hay gente que cultiva las larvas y las crisálidas y apenas salen están perfectas y las cogen. Entonces es un negocio sostenible que no daña el ambiente, sino que crea empleo en ciertas regiones. Es una paradoja, de todas maneras, matar para coleccionar.

¿Usted ha recibido críticas por parte de ambientalistas?
Mi mamá hace poco recordó que cuando gané la Bienal de Bogotá en 1990, con la corona de lagartijas, había unos ambientalistas protestando afuera del Museo de Arte Moderno y ella salió a hablar con ellos, a calmarlos, mientras yo recibía el premio. Y ahora que estoy dedicada a organizar mi archivo y digitalizar todos los catálogos encontré prensa de la época junto a mi asistente, y había muchos chistes, entonces eran como criticando con humor. Era el contexto de los noventa, que era una época superviolenta, entonces, por ejemplo, en una página del periódico había algo sobre los sapos y había una masacre al lado, entonces estaban las dos cosas a la par.

¿Usted es vegetariana?
No, no. Me gusta mucho comer, pero sí me parece muy cruel comerme otros animalitos. Esa es la paradoja del ser vivo, de consumir a otros para seguir viviendo.

¿Qué suele almorzar?
Trato de no almorzar; me como un par de huevos y sardinas y sigo andando, para no interrumpir. Y ya por la noche, tipo cinco de la tarde, ya empiezo a pensar qué voy a hacer para la comida y la familia.

En alguna entrevista leí que usted no era buena dibujando, pero entiendo que ahora está dibujando…
Cuando yo estaba en el colegio pensé que no podía estudiar arte porque no sabía dibujar, pero gracias a Dios nadie me enseñó porque pierde uno toda la espontaneidad. Pero llevo toda una vida dibujando, no tanto pintando.

¿Y qué está pintando ahora?
Estoy trabajando con pinturas minerales, que son minerales puros y no tienen esos pegantes como el acrílico o el óleo. Son pinturas que químicamente se alían con el concreto y estoy pintando en lámina de cemento y produce una reacción química que se pega. Entonces son colores superpuros, sin nada brillante, son supermate, nunca se van a desteñir.

¿En qué cosas usted no es buena?
Yo estudié violín diez años de mi vida y nunca fui buena. Y estudiaba una hora al día, pero a pesar de eso, nunca tuve el potencial para ser buena.

Si pudiera comprar tiempo, ¿en qué investigación invertiría ese tiempo?
Ahorita estoy haciendo lo de la pintura, que me interesa mucho, porque es un camino que no sé a dónde va a llegar, pero es interesante porque es sobre líquidos, sobre fluidos, sobre pintura, sobre color, sobre luz, y se llaman “Painting Drawings Drawings
Paintings”, es pintando y dibujando. Es muy difícil hacer líneas con pintura, entonces estoy haciendo líneas. Lo otro en lo que estoy buscando financiación es para escribir mis memorias como entrenadora de pulgas y contar toda esa historia, porque el proceso fue fascinante y duró como ocho años. Yo tuve cáncer hace tres años, entonces estoy como poniendo la casa en orden, haciendo archivo, catalogando mi obra, organizando las fichas técnicas, anotando dónde están, en qué condiciones. Pero también tengo otro proyecto, que es como “ongoing”. Consiste en fotografiar más arañas, unas arañas australianas de colores, entonces ya he logrado filmar y fotografiar ocho especies y trabajo con un microscopista que trabaja en el Queensland Museum y tiene un microscopio supersofisticado, como de cien mil dólares, para hacer esas fotos microscópicas. Queremos hacer dos arañas por año, y hay cerca de sesenta especies descritas, y todos los días descubren una nueva y muchas de esas son divinas, de unos colores que no se imaginan. Estas arañas son el equivalente a los pájaros de Papúa Guinea, que son conocidos como “aves del paraíso”, que cambian de forma y usan las plumas y el color y el movimiento para danzar. Cada raza tiene su diferencia, hay arañas que tienen una danza asimétrica, otras que tienen gestos. Yo las considero artistas de performance, artistas visuales, coreógrafas y son muy conscientes de su comunicación visual, todo para tener un diálogo con la hembra. Los machos son los que tienen los colores y la hembra es la que se hace la difícil. Entonces toda la virtuosidad que él tiene que demostrar es porque ella es muy exigente. Es un proyecto bien feminista. Hice unos videos que ahora están en la colección del Tate, en Londres, y en el Museum of Contemporary Art en Sidney, en el que hicieron un cuartito con un piso que vibra, porque grabamos los sonidos que hacen estas arañas, que grabamos con láser. Esos sonidos no los escuchamos porque son diminutos, y viajan por el piso, entonces para grabar los sonidos usamos un láser que mide las vibraciones, y con la ayuda de un músico experto en hacer ese sonido táctil, él se inventó una técnica de poner unos parlantes de vibraciones en el piso, entonces uno siente el sonido como lo sentiría una araña. Tuvimos 120.000 visitantes en el museo.

“A mí me gusta estar en el borde de lo posible, porque ya cuando es mainstream todo el mundo lo puede hacer, ya no es único”.
Foto: Ross Harley

¿Cómo nació la investigación de los penes?
Cuando hice la investigación de las pulgas encontré una cita sobre la copulación de las pulgas y me pareció alucinante. Las pulgas tienen dos penes, son como en espiral. Ahí fue donde comenzó y yo pensé que solamente las pulgas eran superdotadas, pero resulta que no, que hay de todo, hay cantidad de diversidad morfológica, y todo eso es por el conflicto que existe entre los intereses de las hembras y los de los machos, entonces toda la reproducción sexual es algo que es muy difícil, porque los machos por supuesto quieren tener más y más bebés y las hembras quieren escoger un buen macho, con buenos genes, entonces hay un conflicto ahí. Ella quiere ser muy selectiva, entonces se crean todos esos fenómenos de complejidad morfológica, de comportamiento en los rituales de procreación. Me tocó hacer un PhD para poder hacer ese proyecto porque o si no nadie me iba a tomar en serio.

¿Usted hubiera querido estudiar biología?
No, estoy feliz así como soy, porque puedo estudiar biología cuando quiera y como quiera, pero no tengo que especializarme. La manera como enseñan las disciplinas en la academia es demasiado especializada para mi gusto, entonces no puedo saltar de un campo al otro. La gente se especializa en tal mosquito, en tal araña, en tal gen, son demasiado especializados, y a mí me gusta poder tener una visión mucho más amplia.

Usted ha estudiado biología con su propio plan de estudios, un plan de estudios estético…
Sí, por eso hice un PhD, porque realmente soy investigadora, eso es pura investigación, entonces uno hace investigación, uno puede buscar, pensar, escribir y ya después crear algo nuevo, algo que no existía, encontrar eso que la gente no sabe. Entonces, como yo tengo una perspectiva distinta, puedo ver cómo, por ejemplo, nadie había puesto todo ese contexto de la morfología genital junta. Eso es muy novedoso y es una manera de hacer conocimientos nuevos. Yo hago investigación de algo que me despierta mucho mi curiosidad, y me fascina y hago obras que tengan profundidad, que no sean solamente decorativas o comerciales. Es algo muy del siglo XIX, cuando la literatura, las artes, la ciencia estaban más integradas y una sola persona podía tener conocimientos, poder comunicarlos, poder dibujarlos. Muchos de los exponentes de mi tradición son naturalistas, no es la ciencia en el sentido de hacer experimentos y demostrarlos, sino de observar y entender la historia natural.

¿Cómo es la relación con su hermana [–Patricia Cardoso, directora de cine con películas como Las mujeres de verdad tienen curvas (2002) y ganadora del premio a mejor estudiante en 1997 de la Academia de Artes y Ciencias de la Cinematografía, un galardón considerado como “el Óscar” universitario–], en cuanto a lo intelectual, se nutren la una a la otra?
Yo jugaba mucho con ella, porque éramos muy de la misma edad, entonces todo eran juegos creativos. Mucha ficción, pero ella era la que contaba las historias y yo era la que las dibujaba, pero hicimos varios proyectos juntas, en los que yo le hice la dirección artística a algunas de sus películas, entonces era muy parecido a cuando estábamos jugando. Pero ya últimamente no, ella vive en Los Ángeles, yo vivo aquí [en Sidney]. Con quien tengo muy buena relación es con mi mamá, es arquitecta [Eugenia Mantilla de Cardoso, diseñadora del Auditorio León de Greiff, con el que ganó el Premio Nacional de Arquitectura en 1974]. Me encontré ahora unos libros en su casa sobre educación pedagógica, que ella usó para educarnos a mi hermana y a mí. Era toda una teoría sobre un francés todo radical, y ella estaba haciendo eso un poco autodidacta porque quería darnos una educación artística. En uno de esos libros estaba cómo pasar de la bidimensionalidad a la tridimensionalidad, un concepto muy abstracto, y yo me acuerdo de mi primer dibujo que pasó a dar expresión de volumen. Me acuerdo exactamente cuando lo hice, en vez de hacer una falda con el muñequito de palitos y la falda como un triángulo, me acuerdo cuando dibujé una falda con curvitas, y yo sentí un “puum” en la cabeza, entonces yo creo que eso estaba muy influenciado por ella.

¿Y usted le muestra los bocetos de sus obras? ¿Alguna vez ella le ha ayudado a resolver algo de sus obras?
Yo estaba haciendo un proyecto de arte público y tenía un problema con unas rocas que subían poco a poco, tanto horizontal como verticalmente. Pero tenía el problema de que si la gente se subía, podía caerse, entonces se pueden maltratar y lo demandan a uno. Yo estaba tratando de buscar la solución y al final ella miró y me dijo “¿y qué tal si todo es plano?”. Y yo suspiré y dije “gracias”, después de que estuve semanas y semanas pensando.

Al leer sobre su esposo [Ross Harley, artista, escritor, educador e investigador en artes tradicionales y creativas nacido en Australia], veo que son muy parecidos, en cuanto a su profesión y en la manera tan perfecta en que encaja en su obra. ¿Dónde se conocieron?
Nos conocimos en Canadá en una residencia de artistas en 1994. Y cuando lo conocí pensé “ese es el hombre de mis sueños”, pero nunca me imaginé que mi vida pudiera cambiar y vivirlo. Pero sí, somos muy compatibles, él se sabe moldear a mí, más que yo a él, aunque yo estoy viviendo aquí [en Australia]. Ha sido una relación extraordinaria, de manera creativa y de proyecto de vida, un proyecto de vida muy bonito. Fue genial cuando hice mi PhD, porque él es académico y ha escrito toda la vida, entonces cuando empecé a hacer mi PhD él llegaba del trabajo y yo le contaba qué había leído y qué había escrito y teníamos unas conversaciones interesantísimas, entonces me gustó porque eso elevó mi nivel intelectual para estar al mismo nivel que él. Yo ni leía lo que él escribía, porque era pura teoría, pero ya después podíamos hablar el mismo lenguaje.

¿Cuántos años tienen sus hijos y qué hacen?

21 y 18 años. El chiquito ya acaba de terminar su último año de bachillerato y quiere estudiar computer science. El grande está en el último año de ingeniería civil y tiene un trabajo excavando un túnel para el metro en Sidney. Los dos resultaron matemáticos, pero yo también era muy buena con las matemáticas cuando estaba en el colegio, pero no las uso. Pero ellos son personas muy curiosas con la ciencia, entonces todo el tiempo nos están educando y nos muestran videos de YouTube de cosas de ciencia.

¿Cuál ha sido la situación más peligrosa, embarazosa o hilarante en la que ha estado por cuenta de una investigación? Por ejemplo, vi unas fotos suyas con unos canguros, como tratando de sacarles las pulgas…
El proyecto de las pulgas y del Museo de Arte Copulatorio fueron súper intensos. El de las pulgas era absurdo porque era tan en serio mi obsesión, pero había tan poca información y yo, poco a poco, fui descubriendo cómo hacerlo, sacando las pocas fotocopias que había sobre el tema, fue una gran aventura. Todas las conversaciones que tenía eran absurdas, yo me convertí en la profesora Cardoso, una cirquera, cuando en realidad era una escultora. Entonces de pronto yo me volví otra cosa, un personaje, tenía un show y era empresaria. Lo más divertido creo que fue cuando logré importar pulgas a Canadá. Las pulgas las compré en un laboratorio en Estados Unidos y las necesitaba en Canadá, porque estaba haciendo una residencia allí, y pedí el permiso para importarlas y puse en la razón del permiso de importación “circo de pulgas”, y un amigo que estaba viajando las trajo a mano, para que no fueran a morir de frío en el correo, y cuando llegaron al aeropuerto todavía no teníamos el permiso. Él me llamó del aeropuerto, no las iban a dejar entrar, entonces llamé al Departamento de Agricultura a preguntar por el permiso, yo había aplicado hacía un mes, y encontraron el permiso, entonces mandaron el fax al aeropuerto, miraron el frasquito y dijeron “bueno, tiene que pagar un impuesto de un dólar”, y me dejaron entrar las pulgas. Duré buscando esas pulgas dos meses. A las pulgas las crían para ensayar los insecticidas, las crían para matarlas y usan un perro artificial para alimentarlas, que no es otra cosa que una máquina con sangre que ellas pueden chupar. Hablar con el inventor del perro artificial, por ejemplo, fue una conversación alucinante.

¿Y cómo fue lo del canguro? Los canguros son peligrosos, ¿no? He visto que dan puños…
Estos canguros los vimos en mi luna de miel. Estábamos en unas cabañitas a cuatro horas al sur de Sidney, en la playa, entonces había muchos canguros en la playa y uno podía darles de comer y eran mansitos y venían a comer de la mano. Eso ya es prohibido, ya no se puede alimentar a los animales salvajes. Entonces me puse a buscar y no tenían pulgas sino garrapatas, garrapatas enormes, horribles. Ellos no tienen pulgas porque no son animales de nido, uno necesita ser de nido para que los huevitos de las pulgas queden en el nido. Por eso los humanos tenemos pulgas, porque tenemos nido, que es la cama.

Cardoso Flea Circus.
Foto: Cortesía María Fernanda Cardoso
Cardoso Flea Circus.
Foto: Cortesía María Fernanda Cardoso

¿Y usted ha tenido pulgas en su cama, que se le hayan escapado del circo?
Cuando yo era niña sí, porque mis gatos dormían a mis pies. Pero desde entonces no.

¿Y durante el circo de pulgas a usted la picaban mucho las pulgas? Leí que usted misma las alimentaba…
Sí, tocaba. No era alérgica, entonces no me rascaba.

¿Entonces durante los treinta shows de la ópera de Sidney usted estuvo picada por completo?
Solo yo las alimentaba. Pero no me quedaban marquitas ni nada, yo me lavaba los brazos y ya. No tenía ronchas, ese era el destino, porque, por ejemplo, yo era superalérgica a los mosquitos. Me enloquecen las picaduras de mosquitos, pero no de las pulgas.

¿Cuánto tiempo vive una pulga? ¿Algunas pulgas lograron estar en todos los shows?
Ellas viven entre tres y cuatro meses.

Hubo una pulga famosa en su primer show, Alfredo, que se mató antes del estreno…

Pobrecita, sí, me tocó hacer un entierro…

¿Cómo se anuda una pulga?

Ese es un secreto [risas]. Yo empecé arrancándome el pelo y tratando de amarrarlas, pero el pelo es muy liso. Así fue como empecé. También amarré una con seda; era bonito, porque era tener la pulguita como un perrito. Pero no te voy a contar más [risas].

Claro, ese es el material del libro…
Sí, vamos a ver qué tanto no cuento…

No, usted debe contarlo todo, es para la posteridad, para la historia de la humanidad…
Creo que sí, creo que sí tengo que contarlo todo. Yo contaba muchos de mis secretos en esa época, y después me arrepentí porque dije “Ay, me van a copiar”, pero hasta ahora nadie ha podido hacerlo.

¿Y la han buscado personas interesadas en aprender?
Sí, de vez en cuando me llegan emails pidiéndome que si les enseño, que me quieren entrevistar. Había un señor que tragaba espadas que iba a mi show y se hacía en primera fila para tratar de copiar. Me dio su panfleto de las espadas, y él y su novia se sentaban en frente a ver cómo hacerlo.

En su show hay una pulga que arrastra un tren. ¿Una pulga tiene en realidad tanta fuerza?

Las pulgas son fuertísimas, sus patas no tienen músculos, sino una proteína que se llama resilina, entonces es como explosiva y tiene tanto impulso que unos ingleses que investigaron el salto de la pulga, para investigar cómo hacer cohetes, encontraron que la pulga llega como a 6G. Y no se cansan, porque no es como un músculo que si uno lo usa se cansa y necesita recuperarse, sino que ellas pueden saltar y saltar. Entonces, esos son los atributos por los cuales ellas pueden hacer esas proezas.

Hay un número que es con un cañón que dispara a una pulga que cae en una malla. ¿Ese cañón dispara algo de verdad o es solo pirotecnia?
Realmente es el salto de la pulga, no hay nada mecánico que la haga saltar, pero el fuego que hago es un poco para el show, más dramático y todo, pero la pulga salta.

Pero entonces puede ocurrir que la pulga no salte, o que no caiga en la malla…
Eso sucede, claro. Es que eso era lo bonito del proyecto, porque a veces no funcionaba, entonces tenía que tener un chiste listo. Pero eso era lo que lo hacía real, si hubiera sido mecánico sería perfecto, pero las pulgas son vivas y temperamentales, tenían sus personalidades y no hacían lo que yo quería. Entonces me tocaba improvisar un chiste y seguir al siguiente acto. Eso era chévere, esa parte me gustaba…

En una entrevista usted dice que el circo de pulgas sacó de usted un humor que no sabía que tenía…
Yo no tenía ni idea. Fue superinteresante, salía como burbujas de dentro, a borbotones. Ese proyecto me cambió profundamente. Yo era un poco seria, todas esas obras tan duras y dolorosas; este fue un gran descanso, un alivio, algo juguetón.

” ESTOY BUSCANDO FINANCIACIÓN PARA ESCRIBIR MIS MEMORIAS COMO ENTRENADORA DE PULGAS Y CONTAR TODA ESA HISTORIA, PORQUE EL PROCESO FUE FASCINANTE Y DURÓ COMO OCHO AÑOS “

¿Y tiene planes de volver a hacer el circo?
No, no puedo. Me retiré desde el 2000, y yo pensé que podía entrenar a mis hijos y hacerlo juntos, pero ya no, salieron matemáticos y ya no… pero mis ojos no funcionan, no puedo enfocar nada, ni de cerca ni de lejos y tengo multifocales. Es impresionante, uno no piensa en eso, pero ya no podría. Requiere mucha agilidad visual, enfocar aquí y luego allá, es como cambiar rápido, mis ojos ya no son ágiles. Esa tecnología me encantaría, que me pudieran arreglar los ojos, es una de mis grandes frustraciones.

Bueno, además de ese avance científico para curar sus ojos, ¿existe algún otro avance tecnológico que usted desea que ocurra para poder hacer una idea que ya tiene?
Por ejemplo, para la microscopía es superdifícil. Todavía hay muchas limitaciones que son por las leyes de la física, entonces para hacer trabajo de macro y de micro es superdifícil. Por ejemplo, esas fotos de las arañas, para que todo esté en foco, tenemos que tomar doscientas fotos en capas, que van moviéndose una fracción de milímetro, y después consolidarlo y limpiar todo lo que quede raro y todo en foco. Eso implica horas y horas de postproducción para que queden enfocadas. Otro problema que tengo es cuando se filman las arañas, porque se mueven, entonces es difícil para el camarógrafo seguir la acción y estar en foco, porque si enfocas en los ojos, la cola está fuera de foco. Entonces es una gran frustración. Lo mismo pasó con el circo de pulgas, y mi marido, que tenía un trabajo de cámara increíble, era el que podía filmar la acción de las pulgas en vivo y seguirlas en foco.

¿Y qué falta para solucionar este problema?
Hay una tecnología de la que están hablando hace buen tiempo, y consiste en que uno puede escoger el foco después de filmar. Entonces ese ayudaría, pero igual sería mucho trabajo. A mí me gusta estar en el borde de lo posible, porque ya cuando es mainstream todo el mundo lo puede hacer, ya no es único. Aunque bueno, de pronto pierdo el interés cuando ya sea fácil.

¿El teléfono móvil ha influido en su obra?
El teléfono no es para cosas profesionales, porque para eso me toca alquilar equipos y técnicos. Como me gusta hacerlo lo mejor posible y lo más grande, necesito el archivo más grande y trabajar con profesionales. El teléfono me fascina porque hace de todo, me fascina escanear y yo era pésima fotógrafa y ahora soy más o menos, ya estoy mejor, ya no me da tanta pena, porque antes no lograba que me saliera bien una foto. Lo que más interesa del teléfono es ver cómo todo el mundo se ha vuelto visual; antes uno tenía que ser fotógrafo para tomar buenas fotos.

Usted salió de su especialización en escultura de Yale en 1990, y en 1991 apareció Damien Hirst con su tiburón y sus mariposas…
Yo en ese momento ya había hecho los animales…

Claro, ya había hecho la corona de lagartijas…

Realmente son de esas coincidencias… yo creo que yo fui primero [risas], pero él tenía más impacto en su medio.

Tenía a Saatchi detrás…
Sí, pero también fue su gran ambición. Pero yo hice mucho revuelo, salió mucha publicidad en Colombia cuando gané ese premio [la Bienal de Bogotá], eso fue increíble….

Maria Fernanda Cardoso
Foto: Ross Harley

¿Usted volvería a vivir en Colombia?
No, ya tengo mi vida aquí, mis hijos son australianos-colombianos. Me parece la vida muy difícil en Colombia. Aquí, en Australia, es menos interesante de alguna manera, culturalmente, es como aburrido, porque no hay tanta cosa pasando; allá en Colombia es muy intensa la vida. Los huecos en la calle, la inseguridad, la burocracia, la corrupción, las múltiples guerras, no, no, no… necesito paz. Yo salí de Colombia en parte por eso, buscando un lugar seguro…

¿A usted le pasó algo a nivel de seguridad, como para tomar la decisión de irse a estudiar afuera?
En realidad, yo me fui profesionalmente, porque quería crecer profesionalmente, entonces primero me fui a hacer mi maestría, y después volví y me di cuenta de que ahí no podía crecer porque era un país de pintores. Después de que gané la Bienal de Bogotá tuve una exposición en la Galería Garcés Velásquez, donde mostré las coronas funerarias y los primeros jardines verticales. Y yo pensé que ya había llegado a la mejor galería y había llegado al máximo, con una maestría de Yale, y no se vendió nada. Y Azeneth Velásquez [la galerista y socia de Alonso Garcés, que hoy es propietario de la galería de su mismo nombre] me dijo “Si sigues haciendo lo que estás haciendo te vas a morir de hambre”, entonces yo dije “No, no me voy a quedar en Colombia haciendo bronces o pinturas”, y empecé a buscar oportunidades por fuera y me salieron unos cursos de enseñar en Los Ángeles. Entonces la violencia era un estado de miedo que uno vivía, de inseguridad, de tener miedo todo el tiempo, porque me tocó vivir todo lo de los ochenta y noventa, lo del Palacio de Justicia, lo de Pablo Escobar…

Hay una anécdota sobre Gabriel García Márquez que dice que cuando leyó La metamorfosis, de Franz Kafka, dijo “Carajo, no sabía que eso se podía, si la vaina es así, yo también puedo”. ¿Usted tuvo algún momento así? ¿Quizá sus clases en la Universidad de los Andes con Miguel Ángel Rojas?
Yo creo que de niña quería ser como Leonardo da Vinci, pero nunca me había atrevido. Entre esas cosas que tenía mi mamá había un libro grande que se llamaba El Leonardo desconocido, y yo miraba las láminas y los dibujos de ingeniería, de anatomía, y lo fascinante era que él podía hacer de todo, y eso era lo que más me llamaba la atención. Y cuando yo descubrí que podía hacer de todo, dije “Ahí fue”. Aunque sí tienes razón de darle crédito a Miguel Ángel Rojas porque en su primer semestre él enseñaba una clase que se llamaba Vanguardias artísticas del siglo XX, y experimentábamos tomando las vanguardias y cada semana había que hacer una obra expresionista, o una obra cubista, o una obra conceptual, o una obra pop, y entonces eso rompió con unos preconceptos que uno tiene de que el arte es solo pintar y dibujar. Creo que sí le podemos dar el crédito a Miguel Ángel, por lo menos me hizo el camino más rápido.

De todas formas, antes de Miguel Ángel Rojas usted ya había decidido ser artista y dejar la facultad de Arquitectura…
Yo quería ser escultura y también me gustaba la arquitectura, pero no me gustaban las limitaciones de la arquitectura, entonces pensé trabajar con el espacio, entonces siempre quería trabajar tridimensionalmente. Pero ya la libertad de hacer lo que uno quería se la agradezco a la Universidad de los Andes, era un currículum superbién hecho, no solo con Miguel Ángel Rojas, sino como la estructura de uno poder picar un poquito de grabado, picar un poquito de serigrafía, picar un poquito de escultura, picar un poquito de pintura, y al final encontré lo que quería hacer.

Spiders of Paradise.
Foto: Cortesía María Fernanda Cardoso
Spiders of Paradise.
Foto: Cortesía María Fernanda Cardoso

” YO HAGO INVESTIGACIÓN DE ALGO QUE ME DESPIERTA MUCHO MI CURIOSIDAD Y ME FASCINA Y HAGO OBRAS QUE TENGAN PROFUNDIDAD, QUE NO SEAN SOLAMENTE DECORATIVAS O COMERCIALES “

POR SIMÓN POSADA
FOTOGRAFÍA ROSS HARLEY
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 92. DICIEMBRE 1019 – FEBRERO 2020

Link: https://www.eltiempo.com/bocas/el-arte-de-maria-fernanda-cardoso-446536